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Uno de los aspectos que más quebraderos de cabeza suele dar cuando se habla de ordenadores es el de su obsolescencia, y no precisamente la programada, sino la que sucede cuando la tecnología evoluciona y lo que antes era nuevo, ahora no lo es tanto. En telefonía móvil, este fenómeno es tan rápido que, tras pocos meses o semanas de haber comprado un smartphone, puede aparecer una solución superior y mejorada de forma significativa.

No ocurre lo mismo en el mundo PC. Aquí la cosa es algo más pausada y podemos hablar de años. En este artículo vamos a revisar desde una aproximación práctica los aspectos que marcan el rendimiento y vida útil de los ordenadores, especialmente de los portátiles. Para ello, hemos recuperado un equipo de hace cinco años y estrenado uno fino y ligero con un posicionamiento similar

Obsolescencia en el mundo real

Los dos portátiles son Lenovo de gama media-alta, con pantallas de 14” y procesadores Intel Core i5 de generaciones diferentes, pero ambos con un TDP de 15W, especialmente indicado para equipos thin and light.

En concreto, el más veterano es un Lenovo ThinkPad T450S con 1.600 x 900 píxeles de resolución y procesador Intel Core i5-5300U de quinta generación Broadwell. Se acompaña de 8 GB de memoria DDR3 y una unidad SSD de 512 GB SATA. La GPU es integrada. Además, tenemos dos baterías, una interna y otra removible con 23 Whr y 24 Whr, respectivamente. Las dimensiones son de 33,1 x 22,6 x 2,1 cm, pesa 1,6 Kg y el precio del modelo básico de la gama era de 1.100 €.

Obsolescencia portátiles

Como equipo nuevo, tenemos un Lenovo IdeaPad S540-14 con 1.920 x 1.080 píxeles de resolución, Intel Core i5-10210U de décima generación Comet Lake, 8 GB de RAM DDR4 y SSD de 512 GB NVMe como características principales. Batería, con una capacidad de 45 Whr, y GPU, integradas. Presenta unas dimensiones de 32,3 x 22,7 x 1,59 cm, pesa 1,55 Kg y cuesta 799 €.

Qué vamos a evaluar

Con estos dos equipos, vamos a intentar identificar hasta qué punto el paso del tiempo afecta a la experiencia de uso. Partimos con la última versión de Windows 10 e instalamos las aplicaciones habituales en un portátil junto a las que usamos para evaluar el rendimiento.

Entrando en los detalles, podremos dilucidar cómo los cinco años que separan a ambos equipos se traducen en diferencias de rendimiento y de experiencia de uso. El diseño, la batería, el rendimiento de componentes como la CPU, la GPU o la unidad de almacenamiento, así como la conectividad son cuestiones relevantes. A primera vista, detalles como el grosor del equipo, el de los marcos, la batería modular o los conectores, ya permiten identificar qué equipo es más reciente.

Obsolescencia portátiles

En la imagen vemos, a la izquierda, el Lenovo IdeaPad de última generación. A la derecha, el ThinkPad. En cinco años, el aspecto interno de los portátiles ha cambiado, reduciendo el tamaño de componentes como la unidad de disco y maximizando el tamaño de otros, como la batería, que ya no es modular ni extraíble.

Batería, la primera en envejecer

Es el componente que está sujeto a una degradación más clara: las baterías tienen una vida que se mide en ciclos de carga y descarga y con el uso cotidiano estos ciclos se van consumiendo. El calor o el frío también las afectan.

Hace cinco años, muchos equipos tenían diseños con baterías modulares y extraíbles. El T450S, de las dos que lleva, tiene una en formato extraíble. En este lustro, las baterías han evolucionado en propuestas laminares y polimórficas que favorecen la fabricación de equipos más delgados.

También tenemos sistemas de carga rápida, como en el Lenovo IdeaPad S540-14, donde la batería se carga al 80% en una hora. En cuanto a la autonomía, con un uso intensivo la duración será de unas tres o cuatro horas. En actividades como la reproducción de vídeo, los procesadores y los aceleradores gráficos han mejorado el rendimiento y la eficiencia. Así, es complicado obtener conclusiones definitivas en lo que a aprovechamiento de la batería se refiere, especialmente ahora, cuando la velocidad del procesador varía de forma dinámica dependiendo del tipo de tarea que estemos desempeñando.

Con todo, los síntomas de obsolescencia pasan por apagados del equipo cuando el porcentaje de carga está aún por encima del 10% o el 20%, o en duraciones anormalmente cortas de los ciclos de carga o descarga.

Los equipos adelgazan

Obsolescencia portátiles

Los portátiles delgados de antaño eran menos delgados que los actuales. Además, los chasis de tipo unibody (carcasas de aluminio cerradas, sin posibilidad de acceso a los componentes internos o la batería) no eran la norma.

Del mismo modo, la tendencia es simplificar las opciones de conectividad. Las conexiones cableadas de red eran frecuentes hace cinco años, así como la de vídeo analógico VGA. Hoy en día, ambas se quedan fuera de los modelos thin and light, que exhiben opciones como USB-C. Ethernet se mantiene en ordenadores de sobremesa y portátiles gaming.

Al poner uno junto a otro los dos equipos de pruebas, es posible percibir un claro aire vintage en el ThinkPad T450S. En general, observamos nuevos diseños sistemáticamente más delgados y marcos de pantalla más estrechos.

La modernidad trae más del doble de rendimiento a la CPU

Obsolescencia portátiles

El IdeaPad, a la derecha, arroja resultados de 1.411 puntos en multinúcleo y 417 puntos en un único núcleo. El Lenovo ThinkPad se queda en 598 para multinúcleo y 260 para un único núcleo. Estamos hablando de cinco años de diferencia, donde el rendimiento por núcleo ha aumentado un 60% y el rendimiento multinúcleo es 2,3 veces superior.

En este caso, hemos usado la prueba Cinebench R20 para poner a prueba el rendimiento de ambos procesadores. Detectamos diferencias notables a favor del equipo con un micro multinúcleo de nueva generación. Se ha hecho un buen trabajo evolucionando la arquitectura de los Intel Core y, desde la quinta hasta la décima generación, ha habido un progreso que se refleja claramente en el rendimiento.

El multinúcleo está claro, sin más que pensar que tenemos cuatro núcleos físicos y ocho lógicos en el Intel Core i5 de décima generación. El resultado es de más del doble de rendimiento frente al de quinta generación. En cuanto a las prestaciones con un único núcleo, también hay grandes desigualdades. El procesador de décima generación presenta una frecuencia base más baja que el de quinta. Sin embargo, puede aumentar la máxima hasta valores mucho más altos y mantenerse en frecuencias elevadas durante más tiempo, además de gestionar dinámicamente el rendimiento.

Si nos vamos al test Geekbench 5, encontramos igualmente que los nuevos Intel Core mejoran sustancialmente el rendimiento de la CPU frente a los Intel Core i5 de hace cinco años tanto en el rendimiento de un único núcleo (columna de la izquierda) como en el de varios (derecha).

Obsolescencia portátiles

Estamos ante un apartado donde existe obsolescencia real y tangible. El Intel Core de quinta generación del ThinkPad T450S se desenvuelve bien en escenarios de uso cotidiano, pero el rendimiento es inferior que el del portátil de décima generación.

Los síntomas de jubilación asociados al rendimiento pasan por ralentizaciones al usar aplicaciones actualizadas que antes funcionaban correctamente o esperas relativas al funcionamiento del sistema operativo que se hacen cada vez más notorias. Como decíamos antes, si mantenemos el equipo con el mismo sistema operativo y las mismas aplicaciones que usábamos cuando compramos el equipo, la obsolescencia no debería notarse.

Una GPU a la altura, ¿cuánto tiempo?

En el caso que nos ocupa, hemos comparado dos equipos que no están pensados para jugar. Con todo, en el lapso de cinco años, el rendimiento de los gráficos integrados junto con el procesador en los Intel Core ha mejorado sustancialmente. Los gráficos se usan también para acelerar aplicaciones de edición multimedia o gráfica.

Realizamos una prueba de rendimiento sintético con GeekBench 5 con resultados claramente favorables al equipo de última generación, doblando holgadamente al Intel Core i5 de quinta. En la captura de pantalla siguiente podéis observar las cifras cosechadas por ambos púgiles.

Obsolescencia portátiles

Los síntomas que apuntan a que el subsistema gráfico ya no está a la altura de lo esperado pasan, si hablamos de juegos, por la falta de fluidez en los movimientos o retrasos evidentes desde que pulsamos una tecla y observamos la respuesta en el juego.

Rendimiento del almacenamiento SSD

En los dos ordenadores que estamos analizando, tenemos unidades de estado sólido para el almacenamiento. Aparentemente son equipos iguales, con 512 GB de capacidad. No obstante, la realidad es que estamos ante dos productos muy diferentes. El de hace cinco años integra una unidad SSD SATA de 2,5″, mientras que el otro luce un disco m.2 de 512 GB con interfaz NVMe 1.3. Las diferencias de rendimiento son abismales nuevamente a favor del NVMe.

El almacenamiento SSD ha progresado mucho en el apartado de la velocidad de transferencia, así como en su precio por gigabyte, que se ha reducido bastante. La mayor rapidez no es una mejora que se refleje de un modo fácilmente cuantificable, pero es determinante en la experiencia de uso global haciendo que tareas como el inicio o el apagado del equipo, la apertura de aplicaciones o la gestión de memorias caché sean mucho más ágiles.

No estamos usando el disco todo el tiempo, pero cuando se usa, se agradece mucho que el acceso a los datos y aplicaciones sea tan rápido como sea posible.

Obsolescencia portátiles

En el almacenamiento, tenemos también una clara ventaja del equipo actual frente al de hace cinco años y un punto de obsolescencia no programada relevante. Los benchmarks sintéticos arrojan resultados para la unidad NVMe de 3.000 MB/s y para la SATA de unos 440 MB/s.

En la vida real, estas diferencias se notan, por ejemplo, al encender el equipo. El IdeaPad está listo para iniciar la sesión en Windows en menos tiempo de lo que tarda el ThinkPad TS450. Concretamente, pasamos de tener el equipo listo para loguearnos en 9 segundos en el caso del IdeaPad y en 15 en el otro. Son seis segundos más que se notan, y mucho.

Los síntomas de obsolescencia aquí pasan por tiempos de espera anormalmente prolongados al usar aplicaciones o encender y apagar el equipo. Los desarrolladores de software empiezan a optimizarlo para que se beneficie de los sistemas NVMe de alta velocidad, por lo que no tener unidades de este tipo juega en contra de la experiencia de usuario.

En cuanto a memoria RAM, el equipo más moderno presenta una DDR4 2666 frente a la DDR3 16000 del otro. Sin embargo, lo que marca la diferencia realmente no es una RAM más rápida, sino la cantidad de gigabytes. Así, será conveniente no escatimar a la hora de adquirir un portátil nuevo y subir si es posible, por encima de 4 GB.

Mientras VGA sale, Full HD se convierte en estándar

Obsolescencia portátiles

En el apartado de conectividad encontramos diferencias sustanciales con el paso del tiempo. Hoy, manda USB 3.1 Tipo C y Tipo A, mientras que hace cinco años las conexiones VGA aún eran necesarias para pantallas externas. Y Ethernet también se agradecía. Ahora, la WiFi funciona tan bien que apenas echamos de menos Ethernet, y la conexión de vídeo HDMI cumple con su cometido sin necesidad de VGA o mini DP.

En cuanto a la pantalla, son los aspectos técnicos los que afectan a la experiencia de uso. Entre ellos, la resolución, ángulo de visión, número de colores o la compatibilidad con estándares de visualización de contenidos como HDR10. Hace cinco años, equipos como el ThinkPad T540S exhibían resoluciones de 1.600 x 900 píxeles y si bien entonces era una cifra óptima, hoy en día Full HD es el estándar para casi todas las gamas de portátiles. Por encima tenemos 4K, que se reserva para equipos de más entidad.

Una señal de obsolescencia en este caso es que las aplicaciones no “encajan». Es decir, si se diseñan para 1080p y tenemos menos resolución, la pantalla “se queda pequeña”. Por no mencionar que 1080p se notan mucho frente a los 1.600 x 900 píxeles del ThinkPad.

Elegir un portátil que no envejezca

Obsolescencia portátiles

Si queremos que nuestro ordenador pueda funcionar durante años sin dar problemas serios, tendremos que fijarnos en los detalles. Esta filosofía es especialmente importante en los portátiles, donde las opciones de ampliación están muy limitadas. Elegir un procesador que no sea el más básico o una configuración algo más «cargada» en capacidad de disco o RAM son estrategias que agradeceremos más adelante.

Fijarse en la tecnología de la unidad de almacenamiento o la generación del procesador también es esencial. El almacenamiento SATA se está quedando obsoleto frente a NVMe. Y los últimos procesadores Intel Core de décima generación del mercado son una garantía de futuro, aunque haya portátiles con CPUs de séptima y octava muy interesantes y válidos.