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Entender las características de un PC puede llegar a ser una odisea. Hilos de ejecución simultánea, cores, gigahercios, FPS, MB/s, resoluciones, gigabytes…, ¿qué son cada uno de estos términos, y muchos más? Seas novato o usuario experimentado, las especificaciones de un ordenador pueden llegar a ser mareantes. ¿Qué significa cada característica de un PC y qué me aporta realmente?

El cerebro de un PC es el procesador

El microprocesador o CPU (Unidad Central de Proceso) es el protagonista principal. Es también el elemento más complejo de todo el equipo, formado por varios miles de millones de transistores que actúan al unísono para ejecutar todas las tareas.

En general, se suele definir un procesador por su frecuencia de funcionamiento (generalmente medida en gigahercios, GHz) y su número de núcleos. A más núcleos y frecuencia, el micro es capaz de proporcionar un mayor rendimiento según el tipo de aplicaciones que ejecutemos. Esto implica que nuestro ordenador ejecutará los programas más rápida y eficientemente, que estos se cargarán más rápido, los juegos se verán mejor, etc.

También es muy importante elegir bien la familia y el modelo de procesador. Por ejemplo, el Intel Core i7 9700 pertenece a la novena generación de procesadores Intel Core, y su rendimiento es superior al modelo equivalente en la octava generación (Intel Core i7 8700). Con el 9700 podremos hacer más cosas y más rápido que con el 8700.

El modelo y su generación nos resumen de forma rápida los enormes listados de especificaciones más detalladas. Muchos comprenderán conceptos como TDP (relacionado con el consumo energético), litografía (eficiencia) o caché (rendimiento), pero se perderán en otros más complejos como escalabilidad, estados o virtualización. El modelo y la generación nos facilitan comprender, al menos un poquito, cómo funciona un elemento tan complejo como el procesador, más allá de su número de núcleos y sus frecuencias de funcionamiento.

Respecto a generaciones, la última que se ha presentado es la décima, denominada 10ª Gen. Intel Core. Además de mayor potencia y rendimiento para disfrutar de una mejor experiencia, incluye soporte para nuevas tecnologías como Thunderbolt 3, WiFi 6, contenido en 4K y HDR o gráficos mejorados Intel Iris Plus, entre otras novedades.

El mundo portátil tendrá especial hegemonía en esta generación gracias a Project Athena, un programa de innovación con el que el gigante de los procesadores busca sentar las bases de una nueva era para revolucionar los portátiles tal y como los conocemos hoy en día.

Por otro lado, Intel pone las cosas fáciles con una jerarquía de familias muy estructurada, que también nos indica lo que podemos hacer con cada una de ellas:

  • Celeron o Pentium: ambos pertenecen a la gama baja de Intel, situándose el segundo un escalón por encima del Celeron, y resultan conveniente para los que quieran realizar tareas cotidianas como navegar por Internet, ver series y películas, etc.
  • Intel Core i3: mayor potencia para hacer más tareas, tales como videojuegos casuales, contenido multimedia en 4K o multitarea.
  • Intel Core i5: todavía más, pensado para gente que quiera disfrutar de videojuegos a altísima calidad, edición de contenidos en 4K o una multitarea instantánea.
  • Intel Core i7: procesadores del más alto nivel capaces de ofrecer la mejor calidad en videojuegos o una rapidísima edición de contenidos gracias a sus hasta ocho núcleos de proceso.
  • Intel Core i9: lo mejor y más potente del mercado, pensado para aquellos que quieran tener el ordenador más rápido. La Fórmula 1 de los procesadores.

Decíamos antes que el procesador es el cerebro del PC; por ello también es el componente más importante. Elegir un buen procesador es clave para la experiencia que obtendremos con el uso en el día a día, con lo que merece la pena que se adecúe bien a lo que necesitamos.

Tarjeta gráficas, dedicadas o integradas

Si continuamos ahondando en la hoja de especificaciones de un equipo, veremos cómo en muchas ocasiones se destaca el uso de la tarjeta gráfica. Esto es debido a que su impacto en los videojuegos, uno de los usos más exigentes de los ordenadores, es muy importante.

Tarjetas gráficas hay muchas y muy variadas. La primera división que suele realizarse es, por un lado, la de gráficas integradas en los propios procesadores y, por otro, las dedicadas. Las primeras han avanzado enormemente en los últimos años y merecen la pena para una gran parte de los usuarios.

De nuevo, encontramos con divisiones por familias y modelos: Intel UHD Graphics, Iris Plus 645, Iris Plus 655, etc. Podríamos volver a hablar de modelos y generaciones, de frecuencias de funcionamiento, de núcleos… Al fin y al cabo, las tarjetas gráficas incluyen un procesador –llamado GPU– cuyo funcionamiento es equiparable en muchos aspectos al del procesador.

Un chip integrado es más que suficiente para la mayoría de tareas que solemos realizar en un portátil, incluyendo algunos videojuegos. De hecho, lo habitual es acudir a una tarjeta dedicada para disfrutar de videojuegos más exigentes y ciertas aplicaciones del ámbito profesional, como el diseño 3D o ciertos perfiles de programadores.

Una de las características más importantes de los procesadores gráficos es su capacidad de cómputo, indicada en FLOPS –Floating Point Operations Per Second– y medida en magnitudes de gigas (GFLOPS) o incluso teras (TFLOPS). Un buen resumen de cómo se comportará la parte gráfica de nuestro nuevo PC es aludiendo a esta característica: cuantos más FLOPS, mejor será la calidad de la imagen de los videojuegos que ejecutemos y el rendimiento en aplicaciones que hagan uso de la GPU.

Por último, tampoco podemos olvidar que de la tarjeta gráfica dependen las salidas de vídeo, que al final es lo que los usuarios tenemos que manejar. Es importante conocer qué salidas de vídeo incluye el PC y en qué cantidad están dispuestas.

La memoria RAM nunca sobra

El almacenamiento volátil más conocido en un PC es la memoria RAM. Su misión consiste en servir como almacenamiento temporal para la ejecución de tareas: en esencia, un PC utiliza la RAM para cargar datos temporales y cálculos intermedios que necesita para llegar a su fin. Por ejemplo, una operación matemática muy compleja utiliza esta memoria para almacenar los pasos intermedios necesarios para llegar al resultado final.

La memoria RAM es relativamente simple, al menos si la comparamos con los procesadores, y es sencillo sintetizar una conclusión: cuantos más gigas de memoria RAM tengamos en nuestro ordenador, mejor. Habrá más espacio en esta memoria intermedia y podremos hacer muchas más tareas de forma simultánea. Y si es memoria de última generación, como DDR4, mejor todavía.

Lo habitual en un PC es tener 4 GB de memoria RAM, aunque muchos expertos recomiendan al menos 8 GB para la mayoría de usos. Tener 16 GB o más es interesante para los aplicaciones más exigentes. Como referencia, un navegador web como Chrome puede llegar a devorar toda la memoria RAM de un PC con unas pocas pestañas. Por suerte, podemos echar mano de unos cuantos «trucos» para que esto no sea así.

El almacén del equipo

El almacenamiento en un PC es el espacio en el que podemos guardarlos ficheros y datos a los que luego vamos a acceder. Es normal referirnos a gigas o teras de almacenamiento, si bien en el interior hay dos acrónimos que siempre destacan: HDD frente a SSD; discos duros frente a almacenamiento sólido.

Los primeros, los discos duros magnéticos, son los más tradicionales. Consisten en un disco que gira y una aguja que, al modo de los viejos gramófonos, se va moviendo para encontrar la «pista» que leer. Por su parte, los SSD –Solid State Drives– son dispositivos mucho más recientes y modernos, y carecen de partes móviles.

Un SSD es varias veces más rápido que un disco duro magnético, del orden de 5 veces o en algunos casos mucho más. Esto implica que pueden trabajar a una velocidad 5 veces superior, con lo que nos permitirán copiar archivos, arrancar el PC o muchas otras tareas de forma mucha más rápida.

La contrapartida es que su capacidad es mucho más limitada. Mientras un disco duro suele tener una capacidad de 1 TB o más, los SSD más habituales tienen una capacidad de 128, 256 o 512 GB. También su coste es significativamente superior.

Por esto, muchos PC optan por sistemas de almacenamiento mixto, con un SSD (para almacenar el sistema y las aplicaciones de ejecución más común) y un HDD (para todo lo demás) que permiten combinar lo mejor de los dos mundos. Rapidez y velocidad, pero también amplio espacio.

Otros componentes reseñables

Comenzábamos este artículo diciendo que las características de un PC pueden llegar a ser mareantes. Si vamos al detalle máximo, podemos enfrentarnos a cientos de datos sin una lógica aparente.

Y aunque todos ellos terminan afectando a la máquina que tendremos entre manos, es evidente que algunos tienen un mayor impacto que otros en el rendimiento. Por ejemplo, la resolución de la pantalla nos brinda la oportunidad de disfrutar de un mayor nivel de detalle en la imagen (4K dispone de cuatro veces más píxeles que Full HD). No hay que olvidar que el dispositivo de salida que muestra las bondades de la tarjeta gráfica es la pantalla y, si esta no está a la altura, de nada sirve que nuestra tarjeta sea la más potente del mercado.

Igualmente destacables son las interfaces de red. Por cable o inalámbrica, harán que nuestra velocidad de acceso sea mayor y podamos descargar archivos y cargar páginas web más rápido (el estándar 802.11ac es más del doble de rápido que el anterior 802.11n)

Empezando por el procesador, el cerebro del PC, todos los componentes y sus características son importantes en mayor o menor medida. Acertarás si eliges bien y sabes adecuarte a lo que de verdad necesitas para tu día a día.

Imágenes | IntelUnsplash