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Por mucho que mejore en aspectos como el procesador, el smartphone sigue siendo incapaz de hacer sombra al PC como herramienta de creación, autoría y consumo de contenidos. Especialmente si pensamos que, hoy en día, un portátil es capaz de asumir la mayor parte de las responsabilidades que antaño recaían en el ordenador de sobremesa.

La edición de fotos y vídeos, o el desempeño de alguna actividad relacionada con el trabajo son parte de nuestras vidas cotidianas

Un portátil bien configurado, de entre 12″ y 17″ de pantalla y entre 1 Kg y 2,5 Kg de peso, es capaz de hacer frente a tareas ofimáticas, de autoría y edición multimedia, diseño gráfico, reproducción de películas o música, e incluso hacer las veces de ordenador para juegos. A pesar de lo que pueda parecer, no hablamos de un uso profesional del ordenador. Hoy en día, la edición de fotos y vídeos, o el desempeño de alguna actividad relacionada con el trabajo son parte de nuestras vidas cotidianas.

Podemos pensar que, para conseguir un equipo que satisfaga estas u otras necesidades, es necesario un modelo premium, dotado del procesador más potente, con decenas de gigas de RAM y centenares de almacenamiento. Un portátil con precio desorbitante. Sin embargo, de igual modo que no pensamos en comprar un Fórmula 1 como vehículo para un uso cotidiano, tampoco tenemos por qué concluir que un ordenador de gama alta es la única opción segura y posible a la hora de elegir un portátil.

Tomando decisiones inteligentes

Elegir un “Fórmula 1” puede parecer la decisión segura e infalible a la hora de comprar un portátil, especialmente cuando no tenemos claro qué rendimiento y posibilidades tiene un ordenador con un determinado procesador o dentro de un rango de precios acorde a lo que nuestro presupuesto puede alcanzar.

En escenarios concretos y muy específicos, como el gaming de alto nivel o la productividad extrema en situaciones en las que necesitemos aprovechar el tiempo al máximo, es cierto que no queda más remedio que decantarse por un gama alta o muy alta cuyo precio sea de varios miles de euros incluso. Hablamos de propuestas por procesadores de alto rendimiento como los Intel Core i7 o Core i9, con almacenamiento abundante y superrápido, conectividad de todo tipo o una cantidad de memoria RAM de hasta 32 GB, todo ello acompañado de una pantalla 4K y hasta tecnología AMOLED en algunos casos.

Experiencias fluidas a precios asequibles

Pero, en escenarios “normales”, configuraciones basadas en procesadores más modestos, como los Core i3 y Core i5 de Intel, con 8 GB de RAM, gráficos integrados y almacenamiento rápido SSD de 256 GB con pantalla Full HD, son suficientes. Con esta configuración podemos obtener una experiencia de uso fluida y sin fisuras cuando se trata de ver películas, navegar en Internet, redactar textos, crear presentaciones o trabajar con hojas de cálculo. Incluso es posible adentrarse en la edición de imágenes o en la autoría y edición de vídeos.

Estamos hablando de máquinas gobernadas por procesadores que exhiben dos y cuatro núcleos físicos y hasta cuatro y ocho núcleos lógicos, pero manteniendo un consumo de energía compatible con su integración en portátiles. No olvidemos que la batería tiene que durar y que la disipación de calor debe ser suficientemente comedida como para que no se sobrecalienten.

Los procesadores de seis núcleos físicos y hasta doce lógicos también existen como opción, aunque los precios empiezan a subir cuando manejamos este tipo de especificaciones. Además, suele tratarse de portátiles pensados para gaming, con un peso de más de dos kilos por lo general y tamaños menos manejables que otras familias, como los ultraligeros de tipo Ultrabook o convertibles 2 en 1.

Con todo, es posible encontrar máquinas Core i7 con seis núcleos físicos y doce lógicos, 8 GB de RAM y 512 GB de capacidad para el disco SSD, con pantalla de 15,6″ y gráfica dedicada por menos de 1.000 €.

La configuración ideal

Depende de qué experiencias hablemos. El “punto de corte” experiencial más evidente está en el gamingdonde necesitamos una potencia gráfica elevada para jugar cómodamente con títulos de última generación (no hablamos de juegos como ‘Angry Birds’ o ‘Tetris’, por supuesto) con unas tasas medias de al menos 30 cuadros por segundo.

Para conseguir una experiencia gaming fluida, hasta que lleguen los procesadores Intel Ice Lake con la nueva generación de gráficos integrados, se necesita una tarjeta dedicada, lo cual incrementa tanto el precio como el tamaño, peso y consumo del portátil. El procesador y la memoria también importan, desde luego, aunque lo habitual es que un equipo “gaming” no se quede corto en estos apartados, con procesadores Core i7 y Core i5, junto con un mínimo de 8 GB de memoria RAM y unidades SSD o SSD junto con discos HDD magnéticos convencionales.

Si los videojuegos no son lo nuestro, pero sí la edición de vídeo, autoría multimedia o retoque fotográfico, el procesador junto con la memoria y el disco son los componentes que más afectan al rendimiento, sin olvidar la pantalla. Con 8 GB de RAM y 256 GB de disco SSD más un procesador Core i5 o Core i7 de cuatro núcleos físicos y ocho lógicos tendremos suficiente rendimiento como para hablar de una experiencia fluida.

La pantalla tendrá que tener una resolución Full HD, o superior si somos especialmente exigentes. Para usuarios que no necesiten la máxima velocidad, un Core i5 como procesador será bastante, acompañado de 8 GB de RAM, unidad SSD de 256 GB y pantalla HD Ready. Es posible encontrar equipos atractivos en torno a los 600 €.

Pon un Core i3 en tu vida

Existen otros escenarios en los que nos limitamos a usar el equipo para ver películas o series, tanto en streaming como en el propio equipo o en DVD, así como realizar tareas ofimáticas cotidianas, navegar en Internet o acceder al correo y redes sociales. Aquí, un equipo con procesador Core i3 permitirá tener una experiencia de uso adecuada para nuestros propósitos.

La presencia de DVD será un detalle a tener en cuenta, especialmente en un momento donde se tiende a prescindir de él. Hay que tener en cuenta que podemos toparnos con ofertas interesantes de configuraciones que originalmente tenían precios más elevados.

El almacenamiento tendría que ser, preferiblemente, de tipo SSD. Con todo, si el presupuesto es ajustado y preferimos tener más capacidad que rapidez, podemos optar por modelos con disco duro convencional en vez de uno de estado sólido. Estaremos perdiendo agilidad en operaciones como el encendido, apagado, o apertura y cierre de aplicaciones.

Aspectos como la conectividad WiFi son importantes, aunque lo habitual es contar con una tecnología de doble banda de 2,4 y 5 GHz. Eso sí, sería un plus disponer de tecnología 802.11ac en vez de quedarnos con la 802.11n. Como pista, decir que, en los modelos con procesadores de generaciones más recientes, será más fácil encontrar este tipo de conectividad, así como Bluetooth, USB 3.0 o HDMI.

La pantalla: otro punto de corte

En todos los casos, para equipos asequibles pero con un buen comportamiento, estamos hablando de pantallas de 15,6″ por lo general, con resolución HD o Full HD. A mayores resoluciones o tamaños de pantalla más pequeños, como pueda ser 13″, empezamos a toparnos con precios progresivamente más elevados.

De todos modos, Full HD es una resolución adecuada para la práctica totalidad de los contextos de uso habituales. Es cierto que HD es un tanto escasa para tareas de edición, autoría multimedia y diseño gráfico, pero a poco que aumentemos nuestro presupuesto, podremos acceder a pantallas Full HD sin excedernos.

Ordenadores todoterreno

La evolución tecnológica de los procesadores Intel Core ha llegado a un punto de madurez tal que podemos conseguir una experiencia de uso óptima en tareas cotidianas a partir de procesadores Core i3 y Core i5, con precios muy asequibles.

Sin más que concretar con cierto detalle qué tareas vamos a realizar, podremos definir una configuración notable a un coste equilibrado

Tanto si elegimos un portátil para uso individual como para un uso familiar, sin más que concretar con un mínimo de detalle qué tareas vamos a realizar, podremos definir una configuración notable a un coste equilibrado. No es preciso optar necesariamente por una configuración de gama alta para asegurar una experiencia sólida y fluida para las actividades que desarrollemos con el equipo.

Habrá que hacer algunas concesiones en apartados como la pantalla, la cantidad de memoria o la capacidad de almacenamiento, o en aspectos de diseño como los materiales con los que se ha fabricado el equipo. Pero, si hemos definido con claridad para qué vamos a usarlo, no serán concesiones que afecten a una experiencia de uso cotidiana en el ocio multimedia, la ofimática, la navegación web, la edición de vídeo o el retoque fotográfico, entre otras.